Otro partido sin ganar. Pese a jugar mejor que Banfield, Independiente no pudo sumar de a tres y no consigue sacarse de la cabeza el tema de los promedios.

Es cierto que “no sabe aprovechar los momentos” Independiente. Tiene razón Antonio Mohamed. Porque hace los méritos suficientes como para construir un destino mejor pero es el propio Independiente el que se autodestruye . Esa implosión se activa, una y otra vez, cuando se le va la cabeza del partido, cuando recibe un golpe anímico, cuando se tira atrás sin que el rival se lo lleve por delante, cuando se confunde en el medio, cuando duda atrás y cuando se nubla arriba. Todo eso le pasa a este Independiente, que cada vez tiene más cerca a los de abajo . Por eso no gana. Por ese sufre, en simultáneo, en la Copa Libertadores y en el torneo local…
Ayer empató, otra vez. ¿Mereció más? Sí, muchísimo más . Porque fue el que más propuso, el que quiso, el que no se conformó.
Pero se incrustó contra Banfield, que más que aguerrido es un equipo violento . Pega y pega, a los rivales y a la pelota (de punta para arriba, para que los delanteros se las rebusquen en soledad). Pero, paralelamente, tiene una virtud para destacar: es oportunista. Suele sacarle mucho jugo a cada error ajeno.
Como le sucedió en los dos partidos con Godoy Cruz por la Copa y ante Quilmes, Independiente se puso en ventaja prematuramente. Pero no pudo, o no supo, sostener la. Porque Eduardo Tuzzio, el que encontró una pelota en el área de enfrente y con suspenso puso el 1 a 0, el mismo que es el alma del equipo, comete errores groseros (ayer quedó enganchado en el gol de Cristian García y contra Quilmes también se equivocó en la salida). Porque no tiene sorpresa por las bandas. Porque Hernán Fredes no es ni por asomo el de la Copa Sudamericana. Porque Patricio Rodríguez hace magia y después desaparece. Porque Lucas Mareque compromete sistemáticamente a sus compañeros. Y porque los de arriba juegan lejos del arco de enfrente: Facundo Parra pelea en el medio y Andrés Silvera hace de asistidor. Entonces, sin gente en el área, es complicado hacer un gol.
Encima, si el rival de turno juega como lo hace Banfield, atacando a los pelotazos, con la única consigna de llevarse un puntito , todo es más cuesta arriba…
Pese a todo, pudo (debió) ganar este Independiente necesitado. Parra estuvo cerca de marcar de cabeza. A Patito Rodríguez se lo sacaron en la boca del arco. Vélez desaprovechó la suya (generó un jugadón pero se patinó antes de definir). Y Enrique Bologna le sacó un remate cruzado y rasante a Hernán Pellerano. Pero ojo: Banfield tuvo un par de situaciones. Gracias a “distracciones” defensivas, Fabián Assmann puso las manos, el cuerpo y el alma para ganarle un mano a mano a Cristian García y otro a Facundo Ferreyra.
Quizás, la mejor versión del equipo del Turco Mohamed se vio en la primera media hora. Pero en el minuto 31 hubo un click . El árbitro Alejandro Toia no expulsó a Jonatan Gómez, quien estando amonestado le metió un bloqueo a un saque lateral de Mareque. Mano grosera, delante de Toia y del asistente Sergio Viola, a la vista de todos. Toia miró para otro lado y ahí comenzó el descontrol.
Mohamed protestó de más y después del empate de García (estaba habilitado por Tuzzio) se fue expulsado. La histeria del entorno bajó. Los jugadores se contagiaron. Los nervios se multiplicaron. Los reclamos también. Cada fallo era discutido. Independiente estaba más pendiente de la tarea de Toia que del partido. Y así no es.
Para colmo de males, la agenda apretada le está pasando facturas por debajo de la puerta: en Mendoza se lesionaron Leandro Gracián y Matías Defederico y ayer Hilario Navarro y Nicolás Cabrera. Todo mal para Mohamed que ahora deberá afrontar tres semanas decisivas. En ese lapso jugará con Gimnasia (este viernes), recibe a Liga y a Godoy Cruz (por el torneo), viaja a Uruguay a jugarse la clasificación con Peñarol y luego visita a Racing. Casi nada…
Resumen paso a paso del partido:




