La violencia gana por goleada

Posted by cristian On marzo - 22 - 2011

La victoria contra el terror sembrado por las barras bravas no podrá lograrse con simples gestos voluntaristas


Aún cuando deberá investigarse si fue un exceso policial lo que provocó la muerte del hincha de San Lorenzo Ramón Aramayo, producida poco antes del encuentro que debía jugar ese equipo con Vélez Sársfield, en inmediaciones del estadio del club de Liniers, la violencia en el fútbol argentino sigue sin hallar soluciones de fondo.

La rivalidad entre las barras bravas de los dos clubes citados era ampliamente conocida. Especialmente después de que, en marzo de 2008, un simpatizante de Vélez fuera asesinado a balazos disparados contra el ómnibus en el que se trasladaba al estadio de San Lorenzo.

Con más voluntarismo que prudencia, los presidentes de ambas entidades acordaron abandonar la medida que prohibía el ingreso del público del equipo visitante en los partidos que jugaran estos dos equipos.

Carlos Abdo y Fernando Raffaini, titulares de San Lorenzo y Vélez, respectivamente, quisieron dar el ejemplo. Cuarenta y ocho horas antes del encuentro, compartieron una comida de camaradería y se intercambiaron banderines. Al salir a la cancha los jugadores de San Lorenzo ingresaron con la bandera de Vélez y los de éste hicieron lo propio con el estandarte del equipo azulgrana.

Pero no fue suficiente. El odio entre las barras bravas fue más fuerte y se reflejó en los enfrentamientos producidos fuera y dentro del estadio. En la cancha, un proyectil arrojado desde la tribuna local impactó en el arquero de San Lorenzo. Poco después, furiosos hinchas del equipo de Boedo derribaron parte del alambrado olímpico, provocaron otros destrozos y se enfrentaron con efectivos policiales. Fuera del estadio, una gresca dejó 25 policías heridos, uno de los cuales tiene comprometido un ojo.

Si bien esta vez la víctima número 255 en la historia del fútbol argentino pudo haber sido generada por excesos de los efectivos que debían someterlo al cacheo de rigor, la violencia descripta da cuenta de que nuestro fútbol está muy lejos de ganarles la batalla a los inadaptados de siempre y a las auténticas mafias que representan los barrabravas.

No será con muestras de voluntarismo de los dirigentes de los clubes cómo se terminará con esa lacra. Si efectivamente quieren a sus entidades y al fútbol, son esos dirigentes los primeros que deberían cooperar identificando, denunciando y aislando a quienes se valen de la impunidad que se les otorga para seguir delinquiendo y sembrando el terror en los estadios. Más aún, si quienes promovieron anteayer los graves incidentes están filmados e identificados, deberían ser inmediatamente procesados, además de alejados de las canchas.

Desde hace mucho tiempo, se sabe que muchos barrabravas cuentan con el evidente respaldo de no pocos dirigentes del fútbol, al igual que de funcionarios, políticos y sindicalistas que los utilizan como grupos de choque o para hacer número en actos políticos.

Contra esas mafias violentas no cabe otra alternativa que la tolerancia cero. Lamentablemente, las autoridades nacionales nunca han sido capaces de elaborar una política de Estado que refleje real voluntad para terminar con esta clase de patoterismo, que alimenta el miedo de una sociedad indefensa y la muerte. Por si queda alguna duda, basta recordar la manera en que, desde el gobierno nacional, se apañó a muchos de estos sectores, concediéndoles el plácet para ser nuestros “embajadores de la violencia” en el último campeonato mundial, realizado en Sudáfrica.

Si nuestras máximas autoridades políticas no dan el ejemplo condenando la acción de estas asociaciones ilícitas y alentando medidas eficaces para terminar de una vez por todas con la violencia en el fútbol, poco podrá esperarse de quienes desde los clubes abogan para que el fútbol vuelva a ser lo que debe ser: una fiesta deportiva.

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